Segunda Semana

Primer Paso – Segunda Parte

LA OBSESIÓN DE LA MENTE.

En el capítulo anterior discutí la primera parte del Primer Paso desde la perspectiva del Libro Grande: la alergia del cuerpo. El fenómeno del deseo imperioso que tenemos cuando comemos ciertos alimentos y nos damos un capricho con ciertos comportamientos alimenticios. 

En este primer capítulo enfaticé especialmente lo que el Libro Grande explica: la abstinencia es necesaria. Para eso necesitamos un ¨Plan de Comidas¨ que elimine los alimentos, ingredientes y comportamientos alimenticios que causan nuestros antojos permitiendo que estemos abstinentes. 

Ahora es el momento de hablar sobre la segunda parte del Primer Paso: la obsesión de la mente. 

Como señala el Libro Grande, esta obsesión mental es nuestro verdadero problema. Si nuestro único problema fuera que tenemos antojos físicos que nos abruman,habría una simple solución: no comer esos alimentos y no caer en esos comportamientos alimenticios. Entonces todo estaría bien. 

En efecto, eso es lo que hicimos cuando estuvimos en una dieta. 

Consideremos un ejemplo como éste: 

En este momento como camarones y los disfruto pero si desarrollara una alergia al camarón como le sucede a muchas personas, entraría en una tremenda crisis y los camarones hasta podrían matarme. De ser así consideraría al camarón como un veneno, lo evitaría como la peste. Me diría a mí mismo: “Antes me gustaba el camarón pero ahora no me gusta. ¿Por qué iba a comer algo que podría matarme?” Sin embargo, antes de CCA comí todo tipo de alimentos que sabía perfectamente que me estaban matando.

Nuestro verdadero problema, como señala el Libro Grande, es que seguimos encontrando excusas para volver a esos alimentos y a esos comportamientos alimenticios de atracón. 

El Libro Grande dice así: “¿Por qué se comporta así si cientos de experiencias le han demostrado que una copa significa otro desastre con todos los sufrimientos y humillaciones que le acompañan? ¿Por qué toma esta primera copa? ¿Por qué no puede estarse sin beber? ¿Qué ha pasado con el sentido común y la fuerza de voluntad que todavía muestra con respecto a otros asuntos? 

Quizá no haya nunca una respuesta completa para estas preguntas. Las opiniones varían considerablemente acerca del porqué el alcohólico reacciona de forma diferente de la gente normal. No sabemos por qué. Una vez que se ha llegado a cierto punto es bien poco lo que se puede hacer por él. No podemos resolver este acertijo.

Sabemos que mientras el alcohólico se aparta de la bebida como puede hacerlo por meses o por años sus reacciones son muy parecidas a las de otros individuos. Tenemos la certeza de que una vez que se introduce en su sistema cualquier dosis de alcohol algo sucede tanto en el sentido físico como en el mental que le hace prácticamente imposible parar de beber. La experiencia de cualquier alcohólico confirma esto ampliamente. Estas observaciones serían académicas y no tendrían objeto si nuestro amigo no se tomara nunca la primera copa poniendo así en movimiento el terrible ciclo. Por consiguiente el principal problema del alcohólico está centrado en su mente más que en su cuerpo”. (Págs. 22 y 23 LG)

¿Por qué seguimos volviendo? ¿Qué nos lleva a comer ese primer bocado? Una cosa que es obvia es que prácticamente todas las dietas y todos los libros para perder peso y muchos médicos, dietistas y nutricionistas a quienes consultamos parecen decirnos que una vez que hemos perdido el peso podemos volver a comer todos los alimentos que solíamos comer pero esta vez con moderación. Para ellos es sólo una cuestión de fuerza de voluntad. No pueden imaginar por qué volveríamos a comer en grandes cantidades. 

¿Cuál es su problema? No entienden que tenemos un problema físico. No entienden que a diferencia del comedor normal no nos sentimos incómodos ni molestos cuando comemos en exceso, sino que al contrario, anhelamos más. Simplemente no entienden nuestra alergia del cuerpo, por lo tanto, siguiendo los consejos de nuestros médicos, otros profesionales de la salud, las revistas y libros de dietas, los programas de adelgazamiento, bajamos de peso y después empezamos a comer nuestra bola de helado semanal, o dos galletas, o alimentos reconfortantes. Poco tiempo después la bola de helado semanal se hace más grande. Luego se vuelve más frecuente y finalmente se convierte en la mano que va a la boca automáticamente y nos preguntamos… ¿por qué no podemos parar? Pero espera, porque como dicenlos comerciales: “Aún hay más!

Tengo una lista completa de estas racionalizaciones y apuesto a que tú puedes agregarle más. La mía dice así: 

“Merezco este alimento porque…

​- Estoy muy deprimido, me hará sentir mejor. 

​- ¡Estoy tan feliz…! ¿Cómo no voy celebrarlo?

​- He estado muy bien durante un año, un mes, una semana, una hora…

​- Si no comí el pollo, o la última papa frita, o el segundo plato… puedo comer esto. 

​- Trabajé muy duro para lograr esto… ¡Ahora necesito una recompensa!

​- Me siento culpable porque no trabajé tan duro para lograrlo. 

​- Necesito esto porque nadie me ama. ¿Cómo lo superaré de otra manera?

​- Demasiada gente me ama. 

​- Quiero morir, y comer en exceso me matará. Es una buena manera de suicidarse, mi cónyuge no se sentirá culpable cuando muera. 

​- Nada más eliminará mi dolor, aunque sea sólo por un segundo. 

​- Debo comer esto porque lo hicieron especialmente para mí. ¿Cómo voy a rechazarlo?

​- Es gratis.

​- Nunca podré volver a comer esta comida. 

​- Se desperdiciará. 

​- ¡Uuuh, todos me miran! ¿Cómo voy a  rechazarlo?”

Otras justificaciones pueden ser:

“Puedo comer esto porque…

​- Estoy de pie, así que no cuenta. 

​- Es pan integral molido en piedra en un bollo de canela hecho con melaza orgánica y aceite ecológico prensado en frío por lo que de verdad es bueno para mí y no cuenta.

​- Ella no me está mirando, así que no cuenta. 

​- Tengo que probarlo para ver si está bien. 

​- Al menos la gente puede ver cuál es mi debilidad”. 

¿Te suenan conocidas? Entonces ¿qué son estas excusas tan curiosas? 

Mental, no simplemente emocional. 

El Libro Grande describe cómo tenemos una obsesión mental, no simplemente emocional. Ciertamente algunas de estas son excusas emocionales pero la mayoría de ellas son simplemente estúpidas. 

A menudo escuchamos en CCA que nuestro problema es físico, emocional y espiritual. El Libro Grande no usa la palabra emocional para describir nuestro problema. Utiliza la palabra MENTAL. Esto se debe a que nuestras razones para volver a la comida a menudo son simplemente una locura y a veces no dependen en absoluto de cómo nos sentimos. 

Podríamos haber tenido un día normal, haber bajado mucho peso y eliminado el helado de nuestra dieta. Estar en un supermercado donde ofrecen una muestra de un nuevo sabor de helado y antes de saber qué estamoshaciendo, nos encontramos comiendo esa muestra de helado. 

No nos sirve de nada descubrir qué estábamos comiendo, lo que nos hace bien es darnos cuenta de que seguimos encontrando excusas para volver a los alimentos que sabemos en el fondo de nuestro corazón que no podemos comer sin desarrollar el deseo imperioso. 

Éste es el verdadero problema. Como señala el Libro Grande: “No hay respuesta, no podemos resolver este acertijo. Simplemente sabemos que lo hacemos.”

Todo el capítulo titulado Más acerca del alcoholismoque comienza en la página 30, describe la obsesión mental. Es la misma obsesión a la que somos adictos, ya sea el juego, el alcohol, la cocaína o las emociones. Es esa excusa que nos damos para volver a consumir nuestra droga. 

El Libro Grande dice así: “…no es extraño que nuestras carreras de bebedores se hayan caracterizado por innumerables y vanos esfuerzos de probar que podríamos beber como otras personas. La idea de que en alguna forma, algún día, llegará a controlar su manera de beber y a disfrutar bebiendo es la gran obsesión de todo bebedor anormal. La persistencia de esta ilusión es sorprendente. Muchos la persiguen hasta las puertas de la locura o de la muerte.” (Pág. 30 LG)

En el capítulo Más acerca del alcoholismo, el Libro Grande describe a cuatro adictos que regresan a  su adicción:

 – Uno de ellos no ha tomado un trago en 25 años y piensa que un largo periodo de sobriedad le permitirá beber como las personas normales. 

 – Otro de esos adictos que el Libro menciona tiene un mal día y se convence de que el whisky no le hará daño si se lo toma con leche. 

 – El tercer adicto de ese capítulo tiene una compulsión por cruzar calles peligrosas y aunque ha sufrido un daño físico tremendo y no puede explicarse el porqué, continúa haciéndolo. 

 – Y el cuarto tiene un día excelente y se encuentra pensando que sería bueno tomar un cóctel con su cena. 

El Libro Grande dice así: “…siempre se produjo el curioso fenómeno mental de que, paralela al razonamiento cuerdo, corrió alguna excusa dementemente trivial para tomar la primera copa. Nuestra cordura no fue suficiente para frenarnos; la idea descabellada predominó. Al día siguiente nos preguntábamos, con toda seriedad y sinceridad, cómo había podido suceder eso. 

En algunas circunstancias hemos ido a emborracharnos deliberadamente, sintiéndonos justificados por el nerviosismo, la ira, la preocupación, la depresión, los celos o cualquier otra cosa por el estilo. Pero aun tratándose de esta forma de empezar, estamos obligados a admitir que nuestra justificación para una borrachera fue insensatamente insuficiente teniendo en cuenta lo que siempre había pasado. Ahora vemos que, cuando empezábamos a beber deliberadamente en vez de casualmente, durante el periodo de premeditación,nuestra manera de pensar en lo que podrían ser las terribles consecuencias, era poco seria o efectiva.” (Pág. 37 LG)

El Libro Grande sí dice que a veces nos sentimos justificados por emociones extremas pero también hemos tenido excusas triviales. 

Eso encaja bien con mi experiencia. Puedo estar a dieta y tener pensamientos como: “Eso se ve rico, pero no puedo comérmelo… No lo comeré, no es bueno para mí. Me está yendo muy bien en mi dieta.” 

Pero simultáneamente tenemos otras ideas como: “Es sólo un poco! Nunca has probado ese sabor. Puedes comer sólo uno…” 

Y luego el segundo pensamiento simplemente domina sobre el primero y vuelvo a comer otra vez y así me convierto en una persona que hace dieta y luego su peso rebota una y otra vez. 

LA OBSESIÓN MENTAL

La caracterización del Libro Grande de que esto es una obsesión mental.

Una obsesión es un pensamiento que domina a todos los demás pensamientos. Es una obsesión sobre la cual no tenemos defensa mental. No podemos evitar pensar. ¿Lo intentas? Te pagaré 5.000 dólares si no piensas en la palabra rinoceronte durante 20 segundos… ¿ganaste la apuesta? Lo dudo.

No podemos controlar nuestro pensamiento y no podemos controlar la obsesión mental. Tenemos dos líneas de pensamiento paralelas entre sí al igual que los proverbiales ángeles buenos y malos encaramados en nuestros dos hombros. El pensamiento bueno es: “No puedo comer esto, me hará engordar. ¡No lo comeré, quiero estar delgado!” Y el pensamiento malo es: “!Ah, vamos! Está bien porque…” y tú puedes completar y poner aquí la justificación. Y de repente se produce un click y el mal pensamiento simplemente domina sobre elbuen pensamiento y comenzamos de nuevo. 

EL DOBLE GOLPE

La primera parte de nuestra adicción es que somos impotentes ante la comida. Tenemos antojos físicos incontrolables cuando comemos ciertos alimentos o realizamos ciertos comportamientos alimenticios. Ésta es la alergia del cuerpo.

La segunda parte es que no podemos manejar nuestra vida en relación con nuestra impotencia ante la comida. Tenemos obsesiones mentales que nos envían de regreso a esos alimentos y a esos comportamientos alimenticios que sabemos nos causarán antojos incontrolables. Ésta es la obsesión de la mente. 

Tenemos lo que el Dr. Silkworth llamó el doble golpe. No podemos parar de comer una vez hemos empezado y no podemos parar de empezar de nuevo. Estamos condenados. Ése es el Primer Paso: darse cuenta de que estamos condenados. Y no estamos condenados por nuestra alergia del cuerpo, sino por nuestra obsesión mental. Comenzamos a darnos cuenta de que la única solución que funcionará con nosotros es algo que elimine nuestra obsesión mental. Y sabemos que no podemos hacerlo por nosotros mismos porque no podemos detener el pensamiento que sigue regresando. 

Ten en cuenta que el Primer Paso como está escrito en la pared no es “Admitimos que éramos impotentes ante la comida y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”, sino “Admitimos que éramos impotentes ante la comida, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.”

Eso significa que tenemos que admitir que nuestra vida se había vuelto ingobernable en relación con nuestra impotencia ante la comida. 

Si alguien hubiera tratado de convencerme cuando me uní al Programa de que toda mi vida era ingobernable, hubiera dejado el Programa. Mi vida estaba bien, o aparentemente bien excepto con la comida. 

El Primer Paso no requiere que aceptemos nada más que nuestra impotencia ante la comida. 

Quizá ahora estemos listos para el Segundo Paso. Si el Primer Paso es el problema y es la impotencia o la falta de poder, el Segundo Paso es la solución. El Segundo Paso es el poder. 

Ahora tengo unas preguntas para ti:

¿Qué excusas has utilizado para volver a comer compulsivamente?

¿Alguna de tus razones para volver a comer compulsivamente alguna vez te ha parecido razonable?

¿Alguna vez has vuelto a comer compulsivamente antes de darte cuenta de que lo estabas haciendo?

¿Tu experiencia demuestra que has sido capaz de resistir por cuenta propia las excusas para volver a comer compulsivamente? 

¿Tu experiencia propia muestra que has regresado a comer compulsivamente sólo porque te has sentido justificado emocionalmente, o también has tenido excusas triviales?

¿Estás ahora convencido de que en ti no hay ahora solución para el doble golpe? 

Esto es crucial. ¿Todavía crees que hay alguna posibilidad, ¿O sabes que estás condenado?

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